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El barón Shilard Fitz-Oesterlen era miembro de la aristocracia nilfgaardiana y embajador en Redania. Era conocido por su uso sofisticado del lenguaje que se consideraba comprensible solo para otros diplomáticos y académicos.

Debido a sus extensos contactos con los servicios de inteligencia, fue acusado de ser un espía nilfgaardiano, pronunciado persona non grata en Redania y destituido de su cargo por Dijkstra. A pesar de las mencionadas acusaciones de espionaje, fue enviado por el emperador Emhyr para llevar a cabo negociaciones de paz con los gobernantes del Norte que condujeron a la Paz de Cintra.

The Witcher 2: Assassins of Kings

Entrada del diario

En esta historia aparecen muchos reyes del Norte: impetuosos y meditabundos, afectuosos y frígidos, valientes y cobardes. El lector habrá reparado fácilmente en que si se les priva de sus coronas y se les entrega un tridente, una espada, un montón de proyectos de ley o una manzana en lugar de un cetro, serían tan humanos como nosotros. Aunque no se puede decir lo mismo del emperador de Nilfgaard, la Llama Blanca que Baila sobre los Túmulos de sus Enemigos, cuya sombra se proyectó sobre todos los acontecimientos que describo. En este caso, aquella sombra estaba representada por Shilard Fitz-Oesterlen, un diplomático consumado que inició más de una guerra para terminar aceptando el homenaje de los vencidos.
Si Geralt elige la ruta de Iorveth al final del Capítulo I
La reunión con Shilard durante la visita de Geralt al campamento de Henselt no fue tan amistosa como las anteriores. Resultó que en el juego de Shilard, el brujo era un peón prescindible que estorbaba en el camino de la pieza importante, que era Triss Merigold. Shilard pretendía utilizarla en intrigas políticas y, como Geralt se había vuelto una molestia, el enviado dio la orden de que lo mataran sin pensarlo dos veces y se dirigió él mismo a Loc Muinne.
Desconozco la naturaleza de los asuntos que se traía entre manos Fitz-Oesterlen con Radovid V el Severo, pero era fácil suponer que ante todo servían a los intereses políticos del imperio. Geralt, harto de los juegos políticos de Shilard, decidió saldar las deudas que había contraído el embajador con él asaltando sutilmente la inviolabilidad personal del enviado y partiéndole la cara.
Si Geralt rescata a Triss en el Capítulo III
Shilard iba a ser la baza del brujo necesaria para recuperar a Triss. Por desgracia, resultó ser una carta baja, hecho que ambos descubrieron de primera mano cuando Renuald aep Matsen disparó a su compatriota a sangre fría. Si alguien se sorprendió más que Geralt, ese era sin duda Shilard Fitz-Oesterlen.

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